entrevistas

De padres a hijos, una entrevista a Alejandro De Barbieri

junio 28, 2019

Es uno de los psicólogos más afamados del país y un referente en el abordaje de temas como la fragilidad de los vínculos, la crisis de la educación, la falta de motivación y la relación entre padres e hijos. Descubrió su vocación en la secundaria, pero desde que se convirtió en papá desarrolló una sensibilidad especial que, sobre todo, prioriza los sentimientos y las emociones.

Hablar sobre el vínculo entre padre-madre-hijo es muy complejo, especialmente cuando a los adultos nos cuesta asumir una actitud activa en la práctica diaria de la paternidad. Sin embargo, Alejandro De Barbieri no se da por vencido y nos propone salir de la queja de cada día para convertirnos en verdaderos protagonistas de nuestra propia historia. A lo largo de sus años como psicólogo clínico, el autor de Educar sin culpa y La vida en tus manos ha sido testigo de una transformación social determinante en la educación de los hijos cuando las mujeres comienzan a trabajar puertas afuera: las fronteras entre el rol de papá y el rol de mamá comienzan a desdibujarse, ambos asumen una educación compartida y esto es todo un desafío.

Alejandro De Barbieri

¿Todos estamos capacitados para ser padres?

Siendo existencialista, como posibilidad, diría que sí. Pero después está la realidad de cada uno. Me ha pasado de acompañar a padres y madres que, medio en broma y medio en serio, me dicen “yo no sé si podré tener otro hijo, porque me desequilibro”. Algunos hablan desde el cansancio y otros lo piensan realmente. Yo creo que la capacidad está, pero que depende de cada uno actualizar esa condición y entender que la paternidad no solo es ser padre biológico. Procrear también lo hace un chimpancé, hacer de padre es algo únicamente humano: uno puede cumplir el rol de padre tanto con hijos biológicos como no biológicos. En ese sentido, todos somos papás adoptivos, adoptamos a nuestros hijos de sangre, y muchas veces a hijos no biológicos como pueden ser los sobrinos, los hijos de la pareja o los alumnos.

Tradicionalmente, siempre existió una presión social más fuerte sobre la mamá que sobre el papá, ¿continúa siendo así?

No, creo que ha evolucionado bastante. Eso es culpa de una generalización que supone que la mamá es más empática que el papá, pero no se puede aplicar. Sucede que hoy en día, tanto el hombre como la mujer ocupan los roles de padre y madre indistintamente, y es allí donde reside lo complejo: mientras que se espera que los dos padres hagan los dos roles, quizás ninguno de los dos lo hace. Por las características de nuestra sociedad patriarcal, el trabajo siempre fue un rol que debió asumir el papá, pero desde hace ya unas décadas, las mujeres trabajan y son madres al mismo tiempo. Y de repente, los varones debemos quitarnos el chip anterior y vincularnos más a las actividades domésticas, que antes eran de la mujer. Creo que en eso se ha avanzado muchísimo, aunque todavía hay algunos masculinos tóxicos, esos varones que no pueden incorporarse a las tareas que eran típicamente femeninas. Sin embargo, debemos hacerlo, para equilibrar tareas y trabajar los dos, para que ambos puedan dedicarles tiempo a sus hijos.

Teniendo en cuenta que las mujeres de hoy dividen su tiempo entre el trabajo y la crianza, ¿es mayor el desafío de educar a nuestros hijos cuando estamos mucho tiempo fuera de casa?

A mí no me gusta hablar de crianza, prefiero hablar de educación. Trato de no poner esa palabra porque criar se cría a una mascota: a una persona se la educa en valores. José Ortega y Gasset dice “el tigre no se puede destigrar, en cambio el ser humano se puede deshumanizar”. Claro que el desafío es mayor, hoy en día, el horario de trabajo no está tan definido como estaba antes, no existían los mails ni el celular, y a las seis de la tarde terminaba la jornada. Se llegaba a la casa temprano, y ese tiempo era dedicado a la familia, los hijos o a alguna actividad de esparcimiento. Lamentablemente, ya no pasa, y eso hace que cuando lleguemos, el nene se encuentre con la peor versión de nosotros, que estamos cansados y estresados de tanto trabajo. A su vez, como consecuencia, aumenta nuestra culpa. Tanto hombres como mujeres somos más culpógenos, queremos que nuestros hijos nos quieran y tenemos miedo de que nos “odien”.

¿Cómo podemos manejar el sentimiento de culpa por “dejar” Alejandro De Barbieri 2a los niños para ir a trabajar?

Es inevitable no recoger una muy buena frase del psicoanalista francés Aldo Naouri: un minuto después de que la mamá llega a casa y abraza a su hijo, para ese niño es como si no se hubiera ido nunca. El amor y el abrazo de la madre o el padre restauran el mundo del pequeño, motivado por una aceptación incondicional y por sentirse querido. Con ese abrazo, el niño olvida si sus papás estuvieron fuera dos u ocho horas, por eso es tan importante estar presente en el tiempo presente.

¿A las mamás les cuesta más que a los papás poner límites a sus hijos?

No me gusta hablar de límites, en Educar sin culpa lo planteo clarito, porque después de 20 años de consultas me doy cuenta de que esas palabras no llegan a los papás. Me aburrí de escuchar a padres que dicen “yo le pongo límites, pero el niño sigue haciendo lo mismo”. Y ahí es cuando digo que educar es frustrar. A las madres, como generalidad, les puede costar más poner ese límite, quizás porque tuvieron al niño 9 meses en el vientre y pueden llegar a tener más apego. Pero la grave situación que estamos viviendo hoy es que hay padres y madres que sobreprotegen juntos, entonces el niño tiene un nido demasiado calentito y al llegar a la escuela, por ejemplo, hace demasiado frío cuando una maestra les plantea ser independientes, respetar los turnos o no pegarle al compañero.

¿Cuál es el límite de los límites que ponemos a nuestros hijos?

Uno no se da cuenta de cómo educó a sus hijos hasta que llegan a la adolescencia. Me gusta mucho una frase de Hannah Arendt que dice “se usa la fuerza cuando fracasa la autoridad”, porque la autoridad no es sinónimo de autoritarismo, es entender que el niño precisa un adulto que lo ayude a autorregular sus emociones.

Desde hace un tiempo, se habla de un deterioro de la educación, y en tu último libro vos mismo referís al concepto de adulto frágil. ¿Existe una relación entre ambas partes?

Es una pregunta muy interesante. En mi libro, planteo que el adulto frágil es el que se ofende fácilmente, el que no puede tomar la vida en sus manos, el que se victimiza, pone excusas y no se hace cargo. Muchos padres tercerizan su propio rol, se ofenden muy pronto, y por eso se hace muy difícil para los docentes hablar con ellos, explicarles lo que pasó, charlar sobre las dificultades del niño. Lo que a veces pasa es que un padre frágil se encuentra con un docente frágil y el resultado es caótico. Por eso, siempre propongo restaurar la alianza entre padres y educadores.

Alejandro De Barbieri 2¿A los padres de la actualidad les pesa “tomar la vida en sus propias manos”?

Sí, y por lo menos yo lo atribuyo al cansancio diario, a la tecnología, al estrés y a la culpa de no querer “que a mi hijo le pase lo mismo que a mí”. Todo eso nos convierte en padres más víctimas, incluso, hay algunos que no pueden tolerar la frustración de sus hijos porque eso implicaría frustrarse ellos mismos. Entonces, les cuesta ser protagonistas a la hora de educar. El niño debe ser afectado emocionalmente por los padres y no por la televisión, nos tienen que “odiar” a nosotros y no al profesor. Porque, además, debemos ser conscientes de que si el niño hace un berrinche para bañarse y nosotros lo obligamos, luego se olvidará y hasta cantará dentro de la ducha.

¿Cuáles son las facilidades y dificultades de ser padres de un millennial?

Esta palabra es como un reduccionismo que hasta está instalada en forma despectiva, y es importante aclarar que refiere a todas las generaciones nacidas entre 1981 y 1999. Vos te haces millennial según el papá o la mamá que tenés. Somos una generación que está criando –porque esto no es educar– chicos que son demandantes, exigentes y sobreprotegidos. Si tuviera que destacar alguna facilidad, diría que hay más diálogo, más conversación, no se cree tanto en las jerarquías y, por ende, se pueden hablar de temas que de repente nos costaba mucho hablar con nuestros propios papás. Pero, sin dudas, los padres de hoy tienen más dificultades que ventajas, y eso ocurre cuando aquella motivación está presente en exceso.

¿Qué rol juegan las redes sociales en la crianza de los niños?

Lo que siempre precisó el niño es el juego, el apego, el abrazo. Algunos padres por descansarse le ponen Peppa Pig en el televisor o le dan el celular para que se entretenga, y aquí es cuando la tecnología y las redes juegan un papel tétrico no solo a nivel psicológico, sino también neurológico. Los psiquiatras plantean que antes de los 2 años el niño no puede recibir el exceso de pantallas que está recibiendo porque el sistema nervioso central está en formación, las neuronas se están desarrollando para poder crecer, y permanecer tantas horas frente a la pantalla no ayuda.

¿Creés que existe una falta de motivación en las nuevas generaciones?

Se habla de una falta de motivación por la depresión que tenemos. Suelo hacer un chiste cuando doy charlas en las empresas, y es que motivar al desmotivado, desmotiva. Es más, habría que dar cursos para motivar a los que intentan motivar a los desmotivados. Más allá de la broma, esto que parece un trabalenguas es la dura realidad, la gente está deprimida, falta automotivación. Es necesario hablar del sentido de la vida y encontrar los valores que les dan un porqué a nuestras tareas: tu hijo es un milagro, no un problema; tu trabajo es un milagro, no un problema. Falta volver a esos valores básicos, como la solidaridad, la compasión y la empatía para salir del adulto frágil que se ofende por todo.

Alejandro De Barbieri 3

Para tomar conciencia

Hace poco, la marca Dove Uruguay publicó una investigación acerca de que solo tres de cada diez niñas y adolescentes, comprendidas entre los 10 y los 17 años, tienen una autoestima muy fuerte; el 63 % no se sienten atractivas y el 45 % alguna vez sufrió bullying. Alejandro colaboró con este estudio y entiende que esta baja en la autoestima de nuestros niños se refleja en los altos índices de suicidios y de depresión que tenemos en el país. “Evidentemente, estamos teniendo una falla en el rol de padre, nuestra tarea es proteger a los niños y no sobreprotegerlos. Interesarnos en qué es lo que necesitan a nivel fisiológico, que duerman bien, que coman sano, que hagan vínculos y jueguen al aire libre. En cambio, sobreproteger es hacer algo que el niño puede hacer por sí mismo, y, por lo tanto, lo estamos desprotegiendo impulsándolo a que se convierta en ese ‘millennial’ tan cuestionado”, reflexiona. Así mismo, el estudio también demostró que existe una falta de confianza de hijos a padres. Pero ¿cómo se explica que esto suceda cuando al parecer resulta más fácil el diálogo entre padres e hijos? Según nuestro entrevistado, es importante demostrarles a nuestros niños actos de confianza profundos, incluso en acciones tan simples como dejarlos ponerse una campera por sí solos. “Lo mismo ocurre cuando nos piden que los llevemos a tal lugar y les decimos que se vayan solos en ómnibus o en bicicleta. A veces, mi hija se enoja durante unos minutos porque quiere que la lleve, pero negándoselo la estoy ayudando a desarrollar su autoestima, su confianza, su independencia, su autonomía y sus habilidades sociales. Todo es crecer”, explica.

Por las características de nuestra sociedad patriarcal, el trabajo siempre fue un rol que debió asumir el papá, pero desde hace ya unas décadas, las mujeres trabajan y son madres al mismo tiempo.

La autoridad no es sinónimo de autoritarismo, es entender que el niño precisa un adulto que lo ayude a autorregular sus emociones.

No me gusta hablar de crianza, prefiero hablar de educación. Trato de no poner esa palabra porque criar se cría a una mascota: a una persona se la educa en valores.